martes, 15 de febrero de 2011

Tres poemas

Enrique Bacci




ERAN LOS QUE HACÍAN UN ALTO

Ay una hora sin aviso, de otrora, en que pesa el silencio, cruje.

Respira

si es que hay por allí medianías.

Una puerta que escuche el grito de su vecina vivienda de los

ingleses, ay

el tiempo que hace. Este crujimiento de la oscuridad, manera de

madera

dura. Todo el sitio que sea posible, de otrora esta hora sin aviso.



Luego convertido el asunto en pasadizo, alero, correría de vientos

mañaneros.

Una voz que anochece y raspa sus manos con el jabón de la tardanza

siempre llega de otro lado, del otro lado.

Las casas de los ferroviarios están utilizando la palabra siempre,

para ser

llegadas. Desde el sur o el norte, a esa hora del día en que todo

afloja

y el silencio mira respirar,

los ferroviarios se descalzan y desprenden su dura condición



vivir en la mitad del viento.




EL ROSTRO ANTE LO QUE PUEDA ENCONTRAR

De ideomas cónico, plateado por inmensas lunaradas, oscuro al reír, si

río. Las aletas del sentido

centinelas, una voz de noche llama, una voz de día escucha lo

pedestre.

Tan lejos del habla como el quién cabalo piafa ante el incendio de las

aguas. Dorado

trompetero, pejerrey.





BAJO UN LECHO QUE NO ES EL SUYO, HA TENDIDO LA HORA

Las circulares y en densas, las lineales. La extensas convenciones de

sí el tiempo, dir,

allá.

Y después hablarse. Conseguir listar el aire, qué una sombra o aquí un

sumergimiento.

Un crecer que nomás desaparece de la piedra que cayó en el

río.

En denso luego no entendido los peces ven correrse un mundo. Uno de

tantos.