martes, 15 de febrero de 2011

Aurelio de la Vega encuentra su compás

Enrico Mario Santí


Poetry is about listening.
W.S. Merwin



I. AIRE

Un clarinete en medio del verano,

un viento sin trombón

(tenía su forma),

varios oboes borrachos:

todo eso fue lo último que oí

antes de que el chubasco—

violento, aterrador, fugaz, furioso—

me obligara a guarecerme en los arbustos.

Era como el anillo que encontré en el Almendares,

sólo que húmedo,

más húmedo que el río porque era aire.

Y el aire era una tromba

que atraviesa las calles del Vedado,

sopla en el Malecón

y llega hasta las puertas de Erich Kleiber.

Quiso saber si yo sabía

algo de música.

Nada, le contesté.

Perfecto, dijo él.

Y amasando el huracán que se avecina

me ordenó dar un salto hasta Berlín.



Nunca pude regresar al Almendares.

El viento me olvidó.

Y otro tren de cornetas

dijo adiós.



II. TIERRA

¿Cómo será vivir en tierra roja?

Vivir en tierra roja y ser jinete azul.

¿Será el piano el que habla con la flauta

o el arpa lo que pasa por violín?

Las valkirias de este otoño me levantan

hasta el Valhalla de Hollywood

donde el sinsonte que traigo embalsamado

se convierte en el pájaro de fuego

y la farsa de un Ariel criollo

corre a saltos por la Ruta 66.

No hay nada que me impida

escuchar los dos arbustos

que hablan conmigo al mediodía.

El fénix en que el sol me ha convertido

sabe que algo se muere por vivir.

Por algo es este otoño en el desierto

tierra roja que pide algún gladiolo.



No sé por dónde voy.

No encuentro el mapa de mí mismo.

Mi compás no funciona en el desierto.



III. FUEGO

Para combatir el frío

hay que atravesar el fuego.

Aunque ya sé:

no hay frío, no hay fuego.

No hay combate.

¿Se trata de un invierno infernal,

o tal vez de un infierno musical?

Tampoco hay tierra roja

(se la tragó la ciudad:

dicen que los indios la obligaron),

la isla se extinguió

(tuve que abandonarla

como una amante que engorda y envejece).

Luego vino el asedio

del enano y sus secuaces:

burbuja de diamante, pan barato

que corrompe al mundo sin anuncio.

Pero soy camarada errante y con el tiempo

aprendí a decir:

Ich bin der welt abhanden gekommen.

Ahora no soy otro que ese mundo

que viene, se retira, se consume

y al regresar,

desaparece.



IV. AGUA

Voy por la ribera de tu río.

Tu río no te reconoce.

Pero te nombra.

Tu nombre es agua.

La flor que te saluda

no sabe quién tú eres.

Y no importa.

Importa que la flor no te abandone

ahora que este sol es todo tuyo.

El pájaro que canta por la tarde

sabe que vas despacio

y que el coro que presides ya perdura.

La ribera de tu río te encarece.

Los guijarros de su suelo alzan tonos

y la luna que los mira dan reflejos

que son ecos que son flores que son notas.

Vas por este río de riberas.

El oro del anillo ya no es tuyo.

Pero eres oro.

(El oro que siempre fue tu nombre.)

Y ahora que el río se te pierde

en el mar de espuma que aparece

en los caminos de tus aventuras,

el anillo vuelve al río,

un anillo que es oro y que es agua.



Voy por la ribera de tu río.

Río de piedras, reflejos de burbujas.

Voy para llegar al mar

porque el mar no se preocupa.

Su rugido es un rumor,

un rumor que desvanece

el canto de los seres que ahora arrastra.

Voy para llegar al mar

con el único compás que desconozco.

Para llegar al mar.

Para escucharte.


Bakio-Claremont,
Julio 2010