martes, 11 de mayo de 2010

Olvidos

Eduardo Vázquez Martín
Lo primero que desapareció
frente a mi padre
fue una casa con patio
donde también había un pozo
malvones y naranjos

Más tarde desapareció España
que al sur guardaba un laberinto de arcos bicolores
herido el corazón por un altar de llanto
y juncos como espinas del tallo de sus ríos

Una parvada de ocho hermanos
entró azorada al fuego de la ira
que devoró la casa
el ojo del pozo
y más allá del olivar
          Baena

tierra bermeja
pues no hubo familia
que no cediera parte de su sangre
en plazas y cuarteles
el campo y los conventos

Después la madre se encerró con otros muertos
en el monte de los judíos
para que su dolor se serenara con la brisa del mar Mediterráneo

La vida paga y una niña
le fue a enseñar al padre
que la belleza se desnuda

La niña era el exilio
y en su boca aprendió a besar el huérfano

Después mi padre vio un puerto
y después otro
y otro más
¡Cuatzacualcos!

La niña se quedó muy lejos
a la espera de que los alemanes
le llenaran de miedo la mirada

Antes de desaparecer del mundo
el padre de mi padre
nos heredó un cigarrillo encendido
que todavía fumamos juntos

También se fue Francisco Franco
sin llevarse la hostia merecida
Qué bien habría caído
pegarle en el trasero una patada

Mi madre se fue doblada de dolor
y las manos que se abrazaron al pincel
que con delicadeza empuñaron el lápiz y la gubia
ahora yacen quietas al pie del Iztaccíhuatl

Después
bajo los pies descalzos de mi padre
se vino abajo la ciudad
y el piso de la casa se hizo polvo
De aquello nos quedó lo que se dice nada
algunas fotos familiares
perforadas por el canto de las piedras

Ahora se han ido de mi padre las palabras
y en su lugar un océano de peces extraviados
una densa neblina de olvidos
inunda un tiempo que desaparece

          Todos los días perdemos testigos de descargo
          que justifiquen nuestra malsana inclinación por la tristeza

Hace unas horas rescató mi padre
esquirlas
       cascajo
       sombras
y la lengua francesa de la niña
que era exilio y era beso

tous les gars
tous les gars
du village

      Se dejaba meter mano
      dijo finalmente

y su voz era ronca
       fatigada
       ingenua

tenía la luz de las estrellas muertas
que ausentes nos alumbran.