lunes, 23 de marzo de 2009

El cristal que se desdobla

Lorenzo García Vega
(Fragmento)

Cristal muerte
Huidobro

Estar solo con uno mismo, o con Dios, ¿no es como
estar solo con una fiera? En cualquier momento puede
atacarte.

Wittgenstein


JUNIO 1998

Muchas latas de coca-cola. Alguien dice: “Hay un mar de latas.” Pienso en lo que pudiera ser un mar de latas de coca-cola.

Ataduras. Lo que sería vivir en un edificio de viejos.

Recuerdo de la azotea de aquel edificio, en la adolescencia. No me sabía mover. Casi nunca me supe mover.

Automatismo. El piso tercero del esqueleto. / Marsopa, desternillado de albaricoque. / Soy un soñador metilando(?), con razones piedra. / Voy por un lago y hay un pomo. Me desvisto. Todos los círculos: términos que abren la entrada a fachadas paravanes. / Esto lo apunta un anacrónico discípulo de Stefan George, cuando las carcajadas que me aturden. / Es la carga del soltero viviendo en la azotea de la madre. Hubo un tiempo en que estuve muy gordo. / La comida que tengo que botar en el cesto del CONICIT. Estoy en Venezuela y me tengo que ir. / El peso de cuando fui gordo. A uno lo devora alguien: una multitud, un clan. / Ese uno es una mujer, yo soy lo opuesto. Yo me disfrazo, pero me agarran. / Estoy envuelto de verdad.

Escena donde una familia mirando una petición de mano, la observación de unos componentes que pueden calificarse como inseguridades, el grabado con una novia tendida. ¿Detrás de la enumeración que acabo de hacer podría encontrarse, si se supiera hurgar bien, con el diagrama de una sexualidad escondida? Pero ¿por qué surge lo que acabo de decir? ¿Una sexualidad escondida? “Todo induce a creer —decía Breton en el Segundo manifiesto del surrealismo— que existe un cierto punto del espíritu en el que la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo, dejan de percibirse contradictoriamente.”

Estoy cansado de soñar lo mismo y de apuntar que he soñado lo mismo. Sólo que anoche el sueño ha tenido una peculiaridad: los dos temas, repetidos hasta el absurdo, han aparecido juntos: Mamá con su habitual agresividad, y Perla, la muchacha del Instituto que conocí cuando ella tenía quince años, y que en el sueño, por fin, se decide a aceptarme. ¡Qué trabazón puedo tener para, en los sueños, repetir y repetir lo que anoche acabé por unir. ¿Tengo, en el inconsciente, un monótono y cerrado aparatico? ¡Es increíble! Pero no hay duda de que algo muy jodido me debe suceder.
Nunca sabe uno. Siempre hay que estar preguntándose por el posible sentido de lo que a uno le sucede.

Nonsense. Tiene h de prudente. Pero ¿por qué la h puede ser prudente?

Describir a una mujer cuya voz evocase la tienda “El Encanto”. Pero ¿esto puede ser un posible ejercicio para la imaginación? ¿No en absoluto? Pues ¿podría la imaginación establecer un vínculo entre una tienda y una voz femenina? Y si lo lograra, ¿qué vínculo podría establecer?

No puede dormir por la angustia, opresión, que siente. No puede dormir por la sensación de achicharramaniento que lo invade, por las olas de miedo que va experimentando. Pero por fin se duerme. Sueña con un quimbombó. Despierta y se siente mejor. En el sueño, él se ve preparando el quimbombó. ¡Qué raro!

1. Cocina de gas al borde de estallar. La cocina como una armazón futurista. / 2. Digo lo primero que se me ocurre y surge “Los Alpes” (¿éste era el nombre de un lugar —¿una finca?— que quedaba cerca del Central Australia?). / 3. La cocina parece estar en un nivel antiquísimo de vida (?). / 4. Marta no sabe qué hacer con esa cocina.

Título: Tres X han quedado perdidas. Es el título de una posible tarjeta. ¿Qué se podría poner en esa tarjeta?: 1. Una canción de Louis Armstrong que me parece estar oyendo. 2. Una vista del comedor del Hotel Mendía, el hotel que estaba en Jagüey Grande. 3. Y hay una lista que es una sucesión de fases.

Título: Navegación bajo imagen. Bajo este título, ¿cómo se construiría una Cajita?

Sueño. Un colegio de viejos gordos que abusan sexualmente de unas mujeres jóvenes. Son unos diablillos sexuales, unos manipuladores. ¿Podrían ser calificados como gnomos?

1. Rincón martiano celeste agarrado al pipú. / 2. Me estoy vistiendo del Carnaval. No..., del Cardenal. Cierto, del Cardenal. Me estoy vistiendo del Cardenal. / 3. Son cinco copas. Soy un veterano del desastre. / 4. Puto de auxilio o fonda rábano. La sangre de caballo congelado que a uno le extrajeron. 5. Verdaderamente, ya puedo afirmar que no soy el que fui. Ya puedo afirmarlo.

Buscar un orden. Meterme dentro de una disciplina. Y hay otro propósito..., otra cosa que debería poner en práctica; pero se me olvida qué pueda ser. No ando muy bien con la memoria.

En el sueño, por mi descuido, los granos de arroz que están en un plato saltan y van a dar en el ojo de alguien. También hablo, y con ello salta un pedazo de carne hasta caer en el saquito de arroz de un comprador. Al despertarme siento la inseguridad y lo que bien puede ser un sentimiento de inferioridad. Entonces, al tomar la libretica y apuntar esto, me sobreviene el hipo, y con el hipo lo que pudiera calificar como orgánico: la impresión de que está, lo que acabo de soñar, como dentro de mi cuerpo.
Ayer, en el Publix, debido al excesivo calor y al agotamiento, me sentí como si fuese un trapo mojado.

No sé si estaba dormido o si estaba despierto, pero lo que ocupaba mi mente era la idea del suicidio.

¿Cómo sería un relato cuyo título fuera “Las esferas carecen de sonido”?

Acaba de morir el poeta nicaragüense Martínez Rivas. Poco conozco de su obra, pero recuerdo que decía, al evocar a los poetas muertos, de “sus voces como gallos remotos”.
Y estas voces de gallos remotos me llevan, no sé por qué, a las noches sobre los tejados de Jagüey. Lo muy remoto, por cierto.

Un nuevo juego de cama estreno esta noche. Pero parece que me pone nervioso. Ni el Xanac, que tomo siempre al acostarme, parece poder calmarme hoy. Siento como si una lava fuera a cubrir mis huesos.