jueves, 26 de julio de 2007

De Senectud

José Kozer

Voy

a cumplir 67 años, el momento exige cordura, tomemos por caso la lectura, cuánto más va a aguantar el ojo: ojo, la
cabeza ya no da para Wittgenstein
(¿dio alguna vez?). Mejor leer, qué
placer, El conde de Montecristo;
aguar el vino tinto. La papa, hervida.
La conversación trillando trivialidad:
Evitar por todos los medios se nos
lleve la contraria, a la primera
desavenencia salir pitando (más
bien rengueando) en verano portar
sudadera, ojo, que un simple catarro
nos lleva al otro barrio, nos pelan al
moñito, nos fuimos a bolina. Nada
adverso. Evitar reversos. Vista y
pensamiento deslizarse suave por
ralas superficies lustrosas, lo rugoso
(recordad) alude a las arrugas. Lagos
calmos. Ríos mansos. Pasos cautos.
Pies sobre firme. Hacer, un verbo
lento. Pocas polisílabas. Música
dieciochesca. De Bach, suites y
conciertos, no más cantatas. El
pudú es una cabra de monte o
ciervo de los Andes: a diario
añadir al personal acervo otro
dato (que a la semana se pierde
en el acervo que la persona (yo)
no recuerda). Persistir, eso sí, en
dos o tres quehaceres (llamémosles
así): y son: leer a la tarde el poema
que bien me sé de Marcial; b) leer
al alba y al acostarme el sutra del
corazón; y c) ¿dónde está a? Y c)
viajar y viajar, cosmoramas en
mano. A pies juntillas seguir ciertas
estrategias, daré un ejemplo: bajar
a recoger el correo a la hora en que
sé las cacatúas del edificio ya se
fueron, no hay nadie donde los
buzones. No las aguanto, cacareando
(metiches) vidas muertas persistiendo
en averiguarlo todo (¿cuánto ingresas
al mes?) (¿a qué se dedican tus hijos?)
(parece cierto que la mayor le salió
tortillera): madre que las parió. Se ve
cómo me sulfuran. Solución: lo dicho
(fin del ejemplo) (fin del tanto resollar).
A la cama. Y a cumplir esos 67 años
como me venga en gana. Sean, donde
sea; ese día particular, lo aseguro de
antemano, no tendrá (escuchad) más
de 24 horas (en números redondos).
Sesenta y siete tacos y el gallo de
Chuang Tzu no alcanza todavía la
imperturbable consistencia de la
madera, su talla carnal vuelta
inamovible. ¿La alcanzará? No
me atañe la pregunta. Me atañe
recibir la paz una mañana más de
labios de Guadalupe, los mismos
labios que me darán la paz en su
momento (un momento más)
aunque no dé
más.